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Cómo erradicar la delincuencia

A diario los noticieros nos muestran una dura realidad que afronta nuestro país: la violencia y delincuencia en las calles parece incontenible. Desde Tumbes hasta Tacna y en todo el territorio nacional, no existe una sola ciudad que podamos decir sea cien por ciento segura. No hay duda que se trata de un problema que nos afecta a todos y que requiere la implementación de políticas de estado firmes y claras.

Cuando hablamos de adoptar medidas para enfrentar la inseguridad ciudadana, pensamos en incrementar el número de policías, instalar cámaras de video vigilancia, comprar patrulleros, enviar a los delincuentes a prisiones en zonas inhóspitas o aumentarles las penas, entre otras medidas. Todo eso es necesario pero nunca será suficiente por una sencilla razón: porque estas medidas atacan las manifestaciones y consecuencias de la violencia, no sus causas. Y es ahí donde debemos cambiar el rumbo. El Estado debe liderar la lucha contra la violencia y la delincuencia, pero todos debemos participar. Así como exigimos un Estado fuerte y con autoridad, también es nuestro deber construir familias sólidas. Ninguna autoridad tendrá la posibilidad de erradicar la delincuencia si no tiene como aliados a los padres de familia, familiares y maestros de los niños y jóvenes de hoy.

Cuando somos víctimas de algún acto delincuencial, es fácil echarle la culpa al presidente, al ministro del interior, al alcalde o al policía. Pocas veces nos preguntamos ¿en qué momento se le escapó de las manos a sus padres, la educación del joven que hoy delinque?, ¿qué tiene que pasar en la vida de un joven para que éste no tenga ningún reparo en quitarle la vida a alguien a cambio de unos cuantos soles o por arrebatarle un celular? ¿Puede haber alguna relación entre el padre que agrede diariamente a su esposa y el hijo que considera el asesinato como un medio de vida?

Son preguntas que deberían llamarnos a una profunda reflexión, porque los principales problemas de conducta delincuencial tienen como origen un entorno donde el abandono y la violencia son prácticamente unos integrantes más de la familia. Ello sumado a la falta de oportunidades para desarrollar sus talentos, constituyen factores que a la larga desencadenan en conductas que muy pronto engrosan las estadísticas de actos delictivos. El tema es muy complejo, pero sepamos de antemano que la solución también tiene que ver con cada uno de nosotros.


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