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Miércoles, 19 Abril 2017 15:08

Libertad de expresión y el derecho al honor

Un teclado y un seudónimo suelen ser armas suficientes para destruir y calumniar a cuanto personaje se nos pueda ocurrir

Los conflictos entre la libertad de expresión y el derecho al honor de las personas, forman parte de un debate permanente. En la actualidad es muy fácil y hay muchas formas de dañar la imagen de las personas a través de un medio de comunicación, incluso bajo la apariencia de periodismo de investigación: sacar a la luz casos o procesos que ya fueron archivados por la administración de justicia como si estuvieran pendientes; deslizar denuncias de manera escandalosa, pero disimulándolas con los condicionantes “habría cometido” “estaría involucrado” y otras frases que suelen pasar desapercibidas para el común de los lectores, oyentes o televidentes; dar tribuna a “especialistas” que por obtener cinco minutos de fama o destruir a un rival lanzan acusaciones sobre la base de supuestos no demostrados.

Las investigaciones periodísticas, cuando son serias y bien sustentadas, son bienvenidas y merecen todo nuestro respeto.  No es así cuando se atribuye alegremente a alguien gruesos calificativos como delincuente, corrupto o asesino. Son muchos los casos de personas condenadas por la opinión pública, pero absueltas por las autoridades competentes. La rectificación en estos casos nunca fue proporcional al daño realizado. ¿Qué pasa aquí? Absolutamente nada. Todo sigue igual. Es un lugar común decir que la libertad de prensa debe ser bien utilizada para no convertirse en libertinaje ¿Pero cómo hacer para que esto no ocurra?

Para algunos líderes de opinión que se consideran los grandes jueces de la sociedad, no existe la presunción de inocencia y condenan públicamente a cualquiera sin previo proceso ni derecho de defensa. He visto casos de personas que acuden a un programa para exponer su posición y son avasallados de manera prepotente por el entrevistador de turno. En otros casos, graban una extensa entrevista, pero en la edición del reportaje publican pocos segundos que no reflejan para nada el mensaje que el entrevistado quiso transmitir. En estos casos, sólo queda parafrasear a las series policiales de antaño: “tienes derecho a guardar silencio porque todo lo que digas puede ser usado en tu contra”.

Si esto ocurre en los formales medios de comunicación masiva, la situación en las redes sociales ya es incontrolable. Un teclado y un seudónimo suelen ser armas suficientes para destruir y calumniar a punta de groserías e insultos a cuanto personaje se nos pueda ocurrir: políticos, artistas, deportistas, entrenadores, etc. Nadie se salva. Ya  hablaremos de ello luego.


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